Finalizó Encuentro de Tejedoras de Telar de Cintura en la Costa

Finalizó Encuentro de Tejedoras de Telar de Cintura en la Costa

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Li Valenzuela

 

Puerto Escondido, Oaxaca.- En playa Zicatela tuvo lugar la última jornada cultural del Encuentro de Tejedoras de Telar de Cintura que inició en Ventanilla, Tonameca y congregó a doce exponentes de Veracruz y Oaxaca.

Durante tres días las artesanas exhibieron sus creaciones en una expo venta, ofrecieron talleres y compartieron con el cuarteto Estanzuela que interpretó un animado repertorio de Son Jarocho.

A su vez, las tejedoras Amada Sánchez, Margarita y Tía Cayita compartieron sus experiencias con el público y comentaron de qué manera están preservado este maravilloso arte.

Margarita Avendaño Luis, de Pinotepa de Don Luis, Jamiltepec, comenzó a los 12 años escarmenando e hilando algodón para ayudar a su mamá a vender enaguas los domingos de plaza en Pinotepa nacional.

“Nos levantábamos a las 4 de la mañana para hacer el hilo, con eso trabajamos. No quería ir a la escuela porque me pegaban cuando llegaba tarde, por eso no sé leer, como quiera me estoy manteniendo con mi trabajo de telar de cintura, me gusta mucho hilar”.

Con los años formaron el grupo Tixinda, tiene sesenta integrantes y en sus tejidos usan algodón coyuchi, tintes naturales como el añil, cochinilla y la tinta del caracol púrpura pansa que extraen -sin sacrificar el molusco- los tintoreros de dicha comunidad liderados por don Mario Habacuc. Aunque Margarita sentencia, “se está acabando, no lo saben cuidar, se lo están comiendo”

Hace ocho años visitan Puerto Escondido con la muestra Dream Weavers que organiza Patrice Perillie. Recientemente expusieron en Nueva York, San Miguel de Allende y están por visitar San José California, sin embargo cuentan con pocos lugares para comercializar sus prendas, subrayó Margarita.

Leocadia Cruz López, Tía Cayita, de Cosoleacaque, Veracruz es de ascendencia nahua y comenzó hilando a los ocho años, aprendió con su mamá a tejer manteles y refajos de diferentes colores y, con el tiempo a elaborar otras prendas con el algodón que cultivaban.

Hace diez años que no visitaba Oaxaca y de esta experiencia observó que los tejidos de sus compañeras son más laboriosos porque incluyen “figuritas, vi uno con guajolotes”, pero en lo demás son similares afirmó.

Otra diferencia es que en su comunidad los hombres también tejen, hace cuatro años con su hija imparten clases a treinta niños en la escuela de su localidad y en su centro cultural Nigan Tonogue.

“Están aprendiendo telar de cintura, les digo a mis niños que aprender es bueno y al rato se tiene un dinerito, hay un niño que teje, dice que ya vende y apoya a su mamá, a mí me da mucho gusto ayudarlo porque de verdad le interesa”.